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La reconocida cineasta Julia Solomonoff estrenará “Nadie nos mira”

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Se trata de un drama ambientado en la ciudad de Nueva York, donde un promisorio actor argentino sufre la soledad de sentirse extranjero y emocionalmente huérfano cuando -a causa de un desamor- decide vivir allá para intentar cambiar el rumbo de su carrera, pero debe hacer todo tipo de changas para sobrevivir en un espacio que lo excluye.

Radicada en Nueva York desde 2009, la directora de “Hermanas” y “El último verano de la Boyita” se basa para este filme en sus propias vivencias de extranjería cuando -a fines de los ’90- estudió cine en la Columbia University y en aquel entonces, para vivir en esa ciudad cosmopolita, tuvo que realizar muchos trabajos diferentes como cuidar bebés ajenos y servir mesas en distintos restaurantes.

“La película se nutre mucho de la experiencia de amigos a quienes se les venció la visa y quedan encerrados. Si salen, no pueden volver y ya tienen todas sus cosas allá. Quedan aferrados a la idea de que su éxito es estar viviendo en Nueva York y hacen unos sacrificios enormes sólo por estar ahí”, explicó Solomonoff, quien actualmente da talleres teórico-prácticos de dirección de cine en la Columbia University y en la New York University, que dirige Spike Lee.

Protagonizado por Guillermo Pfening, que ganó por su labor el Premio al Mejor Actor en Tribeca, el nuevo filme de Solomonoff ensaya un retrato de la soledad de los inmigrantes en Nueva York, a través de las vivencias de Nico, un argentino que deja su exitosa carrera como actor de telenovelas y se muda allá con la promesa de un rol en una película y la ilusión de empezar de nuevo, pero se ve obligado a busca cualquier trabajo con tal de aguantar y no abandonar su sueño.

Con Elena Roger, Rafael Ferro, Marco Antonio Caponi y Mirella Pascual, está co-produccción entre Argentina, Colombia, Brasil y Estados Unidos cuenta con un elenco multicultural y diverso de países como Colombia, Brasil, España, Francia y El Líbano para abordar temas como la identidad, la inmigración y el desarraigo.

Mientras suma frustraciones en castings para pequeños roles donde nunca cuaja debido a que no es lo suficientemente morocho para ser el tipo de latino que buscan, Nico se gana la vida trabajando de mozo y cuidando al bebé de una amiga argentina radicada en la ciudad, e intenta adaptarse sin éxito a un ambiente donde -a pesar de su necesidad de afecto y reconocimiento- ya nadie lo mira como lo miraban en Buenos Aires.

“Nico navega entre mundos muy diferentes pero en todos esos lugares pasa como si fuera parte. Tiene ese privilegio y esa impunidad por su color de piel. Él juega mucho con eso de ser o no visto, pero le da mucha impotencia que nadie lo mire. Para Nico eso es como una invitación a la libertad, pero también le resulta muy frustrante”, señaló la directora, que subrayó además la importancia del concepto de “estar y no estar”.

En una entrevista con Télam, Solomonoff explicó en ese sentido que “hay que entender la diferencia de ser y estar. En mi primer viaje, yo estaba en Nueva York pero era en Buenos Aires, porque no encontraba mi lugar creativo. Me faltaba esa sensación de pertenencia y propósito que tenía en Buenos Aires. No encontraba esa sensación de un diálogo creativo que era tan estimulante en mi país”.

“Creo que la orfandad que siente Nico tiene más que ver con él que con la ciudad, porque él nunca estuvo realmente, no armó los vínculos humanos necesarios y estuvo un poco fantasma. Él es una persona que no se termina de comprometer con esa mudanza que eligió. Es una persona que no sabe donde quiere estar realmente”, detalló la directora sobre las sensaciones encontradas de este joven atrapado en un mundo de simulaciones.

Para Solomonoff, “este es un personaje que simula porque le cuesta mucho verse a sí mismo. Está muy pendiente de la mirada de su ex amante (Martín, su mentor y productor de la telenovela que él protagonizaba) y está buscando tener un éxito en Estados Unidos para poder refregárselo y decirle que ya no lo necesita. Pero no le va bien en eso porque no lo hace de manera activa, sino reactiva”, evaluó.

“Los actores siempre están muy pendientes de ser vistos y de cómo son percibidos por la gente. Y que Nico, después de todos sus fracasos en Nueva York, pueda regresar a la Argentina sin que eso signifique regresar a Martín es un crecimiento, porque ahora puede estar menos pendiente de la mirada ajena”, añadió la cineasta, que antes trabajó como asistente de dirección junto a Walter Salles, Isabel Coixet, Carlos Sorín y Fabián Bielinsky, y fue productora de Alejandro Landes y Julia Murat.

La directora, que tuvo experiencias similares a las de su protagonista, y regresó a Nueva York en 2009 para dar clases de cine en la Columbia University, recordó: “Estuve cuatro o cinco años preguntándome si tenía sentido estar allá por que no hacía nada creativo. Empecé a armar mucha complicidad con mis estudiantes y eso fue clave, porque armamos un equipo muy joven, flexible y apasionado”.

“Eso fue como recobrar el espíritu de libertad que tenía hacer una película independiente en Buenos Aires, con la diferencia de estar en una ciudad súper cosmopolita, con estudiantes venidos de China, India, Afganistán, Alemania, Suiza, Colombia y Chile. Eso genera un diálogo muy rico y afectuoso. Y lo más estimulante es que me siento testigo de un cine que vendrá. Es un privilegio increíble y me revitaliza mucho”, afirmó Solomonoff.

Y agregó: “Está película es mucho más joven que las anteriores y siento que me habilita un espacio en el que no tengo que ceñirme a una perrogativa ‘mainstream’, sino que hice lo que quise y como quise, porque encontramos un diseño de producción que me daba mucha libertad. No sé si me voy a quedar en Nueva York, pero es la primera vez que me siento en casa”.

 


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