Crítica de “Star Wars: Los últimos Jedi”: La película que es como el jamón del medio

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Es la bisagra entre la generación original de personajes y lo que vendrá. Y hay respuestas para algunas preguntas.

Quédese tranquilo. En esta crítica no hay un solo spoiler.

Si el final de El despertar de la Fuerza dejaba planteadas una decena de preguntas -si Rey es hija de Luke; si es una Jedi; quién es Snoke; por qué Luke se autoexilió; ¿Kylo Ren sufre remordimiento por haber asesinado a su padre?; alguna cuestión referida a Finn, en cuanto a la posibilidad incierta de que fuera un Jedi y/o pariente de los Skywalker-, no sucede lo mismo con el de Los últimos Jedi. Queda abierto, claro está, porque sabemos que es el jamón del medio de una nueva trilogía. Pero sólo hay tres puntos suspensivos.

Es el filme de conexión, de engranaje. El pase de antorcha, el de una generación que da lugar a otra de personajes.

Los últimos Jedi tiene la que tal vez sea la mejor batalla de láser de la saga. Unos vuelcos en la trama que sorprenden al estilo “Luke, yo soy tu padre”, o la muerte de aquel personaje mítico que sucedía en El despertar de la Fuerza.

Tiene entusiasmo, espectacularidad. También tiene baches. Tiene, como suele ser, tramas corriendo en paralelo, y tiene a Mark Hamill como un barbado y cuasi depresivo Luke, con más diálogo que nunca.

Se dice que una buena película tiene que tener a un malvado a su altura. Aquí , los malvados, como en El despertar…, son Snoke y Kylo Ren. No se sabe de dónde previene el primero -tampoco por qué se corporizó con cara como de corteza de árbol-, y la conciencia del segundo es lo primordial. No en vano es nieto de Darth Vader, y sobrino de Luke. Es como tener en casa un padre de Boca y una madre de River, un tironeo en eterna disputa.

En Los últimos Jedi, como siempre fue, es, y será en las nuevas trilogías que creará Rian Johnson, director de este Episodio VIII, todo sigue entre un lado y otro de la Fuerza, entre la Luz y la Oscuridad. Pero estas películas, y sus spin-offs, están formando a nuevos espectadores/fans, y por eso se crean personajes, un nuevo linaje de ambos lados de la Fuerza -recordemos que el público infanto juvenil es el target de Hollywood- y por eso están los porgs en el planeta Ahch-To, como antes los ewoks, que apuntan a la risa de los más pequeños-.

Hay una explicación resumida de lo que es y significa la Fuerza para los recién llegados. Y la entrega y la solidaridad, en síntesis, el sacrificio es un bien cuyo valor es inmenso -recordar Rogue One-, algo que aquí se redobla.

Hay apariciones sorpresivas -nada de spoilers-, muertes inesperadas –menos aún- y un Benicio del Toro como un hacker a la Lando Calrissian en El Imperio contraataca, a la que tanto se asemeja en su constitución Los últimos Jedi.

Con todo, Los últimos Jedi tiene sus cuotas de humor y de ironía (vean lo que hace Luke con el sable láser que le ofrece Rey; escuchen lo que el Líder Supremo Snoke le pide a Kylo que haga con su máscara; los bichitos de planeta donde se refugia Luke); y hay mucho autohomenaje para los que siguen la saga desde hace 40 años.

La complejidad no es una palabra que cuadre demasiado por aquí. Es cierto: Kylo Ren, antes Ben, se debate con su conciencia, pero Luke “leyenda y fracasado”, según sus propias palabras,que por algo se refugió “en el lugar más indescifrable de la galaxia” tampoco la tiene fácil.

Rian Johnson no parece querer tomar vuelo propio ni ponerle una marca personal a la saga, como sí logró J. J. Abrams en El despertar de la Fuerza. Hasta parece como encorsetado, con las riendas firmes del filme, pero sin soltarlo para que cabalgue en libertad. La línea argumental de Los últimos Jedi podría resumirse en pocas palabras -los rebeldes están en una nave y son acosados y perseguidos, a punto de ser eliminados por la Primera Orden; Rey quiere saber “qué lugar ocupo en esta historia”; y lo que decíamos al comienzo: las preguntas que dejaba en suspenso el final de El despertar…-.

La aparición de los personajes femeninos refuerza también el cambio de época, sumado a Finn (negro) y Rose (asiática), aunque Rey sea la que de aquí en más se ponga la saga sobre sus espaldas. El empoderamiento de Leia, sabemos, no podrá seguir tras el fallecimiento de Carrie Fisher. Y cuando aparece Leia es difícil no sentir algo similar a la compasión, cuando en verdad debería brindarnos otro valor.

Con el correr del tiempo, Los últimos Jedi tal vez resurja como la película necesaria, imprescindible entre unas y otras de la saga. Mientras tanto, en el tiempo presente, es una película bien, pero bien bombástica, algo alargada (152 minutos; no pasa nada en los créditos finales), y que por momentos nos lleva al borde del precipicio.

De eso se trata. De eso se trató siempre, ¿no?, no sólo de ver las naves espaciales desde abajo por primera vez.

“Star Wars: Los últimos Jedi”

Muy buena

Acción/Aventura. EE.UU., 2017. 152’, SAM 13. De: Rian Johnson. Con: Daisy Ridley, Adam Driver, Mark Hamill.