Día Mundial del Parkinson: bailar tango favorece la rehabilitación

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La alteración del equilibrio es uno de los síntomas principales de la enfermedad, y esta danza, por sus características, es la más indicada para ayudar a mejorarla.

Cada 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Parkinson con el objetivo de concientizar a la comunidad internacional sobre esta enfermedad que afecta a cinco millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció ese día por el nacimiento del Dr. James Parkinson quien, hace 200 años, describió los síntomas de la enfermedad que él mismo padeció.

La Enfermedad de Parkinson (EP) es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente, después del Alzheimer. Afecta las neuronas encargadas de transmitir la dopamina, necesaria para el movimiento muscular y el control del sistema nervioso central. Si bien no hay cifras oficiales, se calcula que en Argentina existen cerca de 80.000 personas con EP.

En diálogo con CONBIENESTAR, la Doctora Nélida Garreto (M.N.68417), Médica Neuróloga a cargo del Sector de Parkinson y Trastornos del Movimiento de la División Neurología del Hospital Ramos Mejía, explicó que se trata de un trastorno crónico y neurodegenerativo progresivo que no tiene cura. Sólo hay mejoría en los síntomas. Y contó, además, cómo el tango danza ayuda en el tratamiento integral en la rehabilitación de sus pacientes.

“Es una enfermedad que tiene que ver con lo motor pero también con muchos otros aspectos: lentitud en el movimiento, al caminar, temblor, rigidez, dificultad para mover las articulaciones, pérdida de equilibrio, y decaimiento del estado anímico: depresión, apatía, aislamiento”, explica Garretto, quien comprobó que el tango favorece la secuencia de movimientos, la postura, la elasticidad, el equilibrio y la sociabilización.

Aunque en la actualidad existen disponibles nuevas terapias farmacológicas, lo cierto es que con el correr de los años la enfermedad progresa y este tipo de tratamiento no logra controlar la totalidad de los síntomas, según comenta la especialista. De este modo, las terapias no farmacológicas constituyen un pilar importante en el manejo interdisciplinario de pacientes con EP.

A medida que avanza la enfermedad, las personas afectadas reducen su participación en actividades sociales y recreativas, se hacen más dependientes de terceros, se aíslan y, en ocasiones, la depresión, un síntoma frecuente en esta enfermedad, agrava todo el cuadro. Así es que la danza se ofrece como una alternativa de rehabilitación efectiva, porque además de trabajar el aspecto motor incorpora otros elementos de gran utilidad como son la música y el contacto social.

Aunque en la actualidad existen disponibles nuevas terapias farmacológicas, lo cierto es que con el correr de los años la enfermedad progresa y este tipo de tratamiento no logra controlar la totalidad de los síntomas, según comenta la especialista. De este modo, las terapias no farmacológicas constituyen un pilar importante en el manejo interdisciplinario de pacientes con EP.

A medida que avanza la enfermedad, las personas afectadas reducen su participación en actividades sociales y recreativas, se hacen más dependientes de terceros, se aíslan y, en ocasiones, la depresión, un síntoma frecuente en esta enfermedad, agrava todo el cuadro. Así es que la danza se ofrece como una alternativa de rehabilitación efectiva, porque además de trabajar el aspecto motor incorpora otros elementos de gran utilidad como son la música y el contacto social.

Firmani, cuenta que cada martes, cuando se lleva a cabo el taller, llegan a la clase pacientes con bastón o arrastrando los pies con pasos cortos, “a los veinte minutos los ves abrazados y bailando y no lo podes creer; después, se van caminando como si nada hubiera pasado, pero pasó mucho”.

La mayoría de los asistentes, tienen entre 55 y 65 años, edad promedio de inicio de la enfermedad, excepto Lili, la más joven del grupo, que integra el porcentaje de parkinsonismos, cuando el inicio es temprano, antes de los 40. A Lili siempre le gustó bailar, cuenta que a la mañana está “en off” y pone tangos para incentivar los movimientos de sus pies. “Si en una reunión mis amigos ven que se me está yendo el efecto de la medicación, me ponen un tango y arranco.”

Garretto dice que el tango invita a cumplir consignas simultáneas todo el tiempo ayudando a los pacientes a superar uno de los problemas que ocasiona el Parkinson: hacer varias cosas a la vez. “Cuando se los somete a pruebas multitasking o multidesafío, ese planeamiento ejecutivo de distintas órdenes de un acto sencillo se puede ver entorpecido”, aclara.

Debido a las dificultades que implica la enfermedad, para que el baile sea beneficioso, los pacientes tienen que bailar con personas sanas, ya que “si dos pacientes bailan juntos, no se desplazan”, advierte la doctora. Por eso, en las clases de tangoterapia, el rol de los voluntarios es fundamental, ellos ofician de ayudantes y de esta manera se optimizan los beneficios y se minimiza el riesgo de caídas o lesiones.