La boda de Harry y Meghan hizo vibrar a los británicos y a la monarquía

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LONDRES.- Meghan Markle entró a la capilla Saint George del castillo de Windsor para la boda real con el príncipe Harry e inició la última y más emotiva etapa de su integración a la familia real británica. Las trompetas tocaron los mismos acordes que acompañaron a sus novias durante generaciones. Pocos minutos después, cuando se casaron, esa secular tradición se esfumó dejando paso a una fascinante modernidad: la de una monarquía varias veces centenaria capaz de transformarse al punto de acoger en su seno a una mujer divorciada, feminista, actriz, estadounidense y mestiza.

Cada detalle de la ceremonia -a la que 1.400 millones de personas asistieron a través de sus pantallas de televisión- fue planificado por la joven pareja bajo el signo de una inteligente mezcla de tradición británica y modernidad, a imagen y semejanza de Meghan y Harry.

Esos mismos vientos de modernidad soplaron en St. George. En ausencia de su padre -impedido aparentemente por cuestiones de salud-, la novia entró sola, seguida por sus pajes, una encantadora corte de niñas y niños. Recién a medio camino del altar se reunió con el padre de Harry, el príncipe Carlos de Gales , quien ayer aceptó “con placer” hacer el último tramo del recorrido a su lado. Símbolo fuerte y ruptura de la tradición: por primera vez, una novia real fue “acompañada” y no “entregada” al futuro esposo.

 

Fuente: Reuters – Crédito: Damir Sagolj