Apple y Facebook perdieron la lucha monopólica

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El futuro de la industria tecnológica fue alguna vez decidido por empresarios mesiánicos (con ayuda de inversionistas de capital de riesgo e impulsores de Silicon Valley) que ofrecían sus sermones a multitudes cautivadas en recintos cavernarios. Actualmente son los reguladores de libre competencia y los analistas políticos, que comúnmente se pueden encontrar en salas de conferencias alfombradas, los que parecen haberse apoderado del púlpito.

Inversionistas en Apple, Facebook y Alphabet sin duda testificarán sobre este cambio de poder luego de que la amenaza de medidas antimonopolio por parte de Estados Unidos hiciera que sus acciones cayeran al comenzar la semana (las de Apple han remontado levemente).

Ciertamente hubo una gran muestra de determinación por parte de los asistentes a una reunión de funcionarios antimonopolio de la OCDE a la cual acudí el lunes en París, respaldada sin duda por el hecho de que los estadounidenses finalmente comenzaron a seguir el camino europeo para abordar las tendencias monopólicas de los gigantes tecnológicos.

Margrethe Vestager, la comisaria de Competencia de la Unión Europea, se alineó con funcionarios del Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comercio de EE.UU., además de reguladores de Gran Bretaña, Francia y Alemania, para ofrecer indicios sobre lo que se aproxima para la industria.

Si bien aún existe mucha tensión entre funcionarios de ambos lados del Atlántico, la imagen general fue la de una clase reguladora empeñada en recuperar el tiempo perdido. Incluso en Europa está la sensación de haber dejado mucho en manos del mercado durante demasiado tiempo. Vestager ofreció una mirada retrospectiva sobre sus cinco años en el cargo, marcados por tres multas contra Google, y admitió: «pudimos haber actuado más rápido».

El arrepentimiento es algo poderoso, en particular cuando crece la presión política para actuar. El ejemplo de Instagram fue mencionado frecuentemente como algo que no vino venir nadie: su venta a Facebook en US$1.000 millones fue aprobada en 2012, más que nada porque tenía un personal reducido, no percibía ingresos y sería mantenida a distancia. El hecho de que Instagram sea ahora un gigante por derecho propio hizo que los reguladores entendieran la necesidad de adoptar una postura más dura sobre las adquisiciones de startups prometedoras por parte de las grandes tecnológicas. Instagram tenía 30 millones de usuarios cuando fue adquirida por Facebook.

Actualmente posee más de 1.000 millones. Instagram comparte muchos datos de usuarios con su red matriz, una práctica que generó objeciones de parte de reguladores alemanes este año. En 2012, no obstante, hubo poca inquietud: reguladores de la libre competencia del Reino Unido escribieron en ese entonces que la mayoría de los terceros «no creía que las aplicaciones de fotos fueran atractivas para los anunciantes», citando el hecho de que se recopilaba una cantidad «limitada» de datos de usuarios.

Siendo justos con el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, no es su culpa haber tenido un entendimiento más agudo sobre el potencial de Instagram, pero esto no debería impedir que los policías del mercado redoblen sus esfuerzos para evitar que incluso más poder de redes sociales quede en manos de un solo hombre. ¿Cuántos otros Instagram no se vio venir? Es difícil decirlo. Andrea Coscelli, titular de la Autoridad de Competencia y Mercados británica, estima que Amazon, Apple, Facebook, Google y Microsoft han comprado en conjunto cerca de 250 compañías en los últimos cinco años. Por cada gran adquisición como el acuerdo de Facebook con WhatsApp, hay muchos como «tbh», una red social para adolescentes que Zuckerberg compró en 2017 y posteriormente cerró.

(Fuente www.perfil.com)