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El hidrógeno verde y las posibilidades de desarrollo

Por Herman Avoscan

Más de 8.500 millones de dólares de inversión para producir y exportar hasta 2,2 millones de toneladas anuales de hidrógeno verde. El anuncio tuvo un impacto a nivel nacional: en una Argentina endeuda y que pelea por salir de la crisis económica, es toda una excentricidad que un grupo empresario australiano decida poner semejante suma. El negocio debe ser bueno, razonaron algunos, pero el riesgo también. Lo importante: que se hará en Sierra Grande, localidad rionegrina que de un momento para otro cambió sus expectativas de cara al futuro. De pensar en irse para mejorar sus condiciones de vida, a imaginar qué actividades podrán desarrollar en poco tiempo más.

La fuerza de las expectativas. Recién se hizo el anuncio, todavía están frescas las imágenes de abrazos y sonrisas, aún no se hizo ningún despliegue concreto… pero seguramente las propiedades de Sierra Grande han multiplicado su valor en un 100 % de un momento para otro. Y no hace falta más: los plandes indican alrededor de 15.000 puestos de trabajo directos y unos 50.000 indirectos. Se entiende que estarán repartidos en varias locaciones, pero el mayor impacto estará en la propia localidad serrana.

¿Qué es Sierra Grande? Una localidad que nació alrededor de un yacimiento de hierro, y creció alrededor de una empresa estatal, Hipasam. Según el censo nacional de 1991, contaba con más de 11.000 habitantes. Ese mismo año se produce la debacle. El gobierno de Carlos Menem, argumentando que el hierro que se extrae en el lugar no tiene la calidad necesaria para producir acero, decide el cierre de la actividad. Y Sierra Grande se desploma. En 2001, quedaban unos 6.000 pobladores.

Los números no alcanzan a transmitir el drama cotidiano de los serranos ante el impacto. Si continuaba con el crecimiento de la década anterior (15 %) la localidad habría estado alcanzado los 12.000 habitantes; pero tenía la mitad. Eso significó: desempleo, emigración, desarraigo, abandono, pérdida de identidad, pérdida de autoestima social. Más de una lágrima se habrá derramado ante las dificultades.

Según el último censo (2011), Sierra tiene 7.404 habitantes. La población propia del lugar no alcanza a ocupar todos los puestos laborales que se piensa que demandará la planta.

Pensando en el desarrollo

De la misma manera que el anuncio cambió las expectativas de los serranos rionegrinos y revalorizó sus propiedades, apuró la imaginación de miles de argentinos que viven en otras latitudes. La esperanza de vivir mejor es el gran motor de las migraciones internas. Si lo sabrán en Catriel, en el Alto Valle y ahora en las localidades neuquinas. Que se va a invertir 8.500 millones de dólares en pocos años, reorienta la brújula de muchos. Y por eso no es muy difícil imaginar que la llegada de familias al sureste rionegrino va a empezar lenta pero sistemáticamente.

Estaba en lo cierto la gobernadora Arabela Carreras cuando anunció la convocatoria de un Consejo Social y de un Consejo Técnico. Porque para que Sierra Grande no se vea desbordado por un desarrollo caótico, tendrá que empezar a realizar planes urbanos que hoy no tiene. Fundamentalmente, programar el acceso al suelo y los servicios. La provincia tendrá que pensar en escuelas, hospitales, seguridad.

Nadie dice que sean necesarios hoy mismo. Sí, que hay que empezar a proyectar esas mayores necesidades: desde el diseño a la búsqueda de financiamiento y a pensar en el tema de los tiempos, para no llegar tarde.

Desde lo técnico, seguramente se tendrá que analizar cómo trabajar alrededor de esta planta de hidrógeno para para que pueda convertirse en un “complejo industrial” que pueda articular otros emprendimientos con la principal actividad, y que incremente el valor agregado. También tendrá que evaluar las nuevas escuelas técnicas y las orientaciones específicas que deberán tener.

Y si es por medir impactos, el pequeño centro balneario de Playas Doradas también va a sentir las consecuencias. Si en la década que viene Sierra Grande tan solo duplica la población (una posibilidad más que concreta), Playas va a sentir la presión demográfica sobre sus servicios y seguramente irá transformándose con nuevas inversiones que completarán un esquema turístico sobre nuestro litoral atlántico.

Los cambios empiezan por nuestras expectativas. Y siguen por las concreciones reales. Sierra Grande y Río Negro tienen una gran oportunidad de desarrollar una gran región de la provincia.

 

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