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“Grandes escándalos argentinos”

Por Herman Avoscan

 

El Polaco, el Bailarín y la pacatería pos-dictadura

Son momentos. Son sensibilidades. Hay hechos que escandalizaron hace algunos años y que hoy nos parecerían de lo más normales. Pero que representan un determinado clima social y cultural. Y sí: los “escándalos”, esos que se arman desde la pantalla chica, que se inflan y se multiplican con furia durante unas semanas y después nadie recuerda, nos dice mucho más de la sociedad en que vivimos que miles de tratados sociológicos.
El hecho que recordamos hoy ocurrió en 1985. A dos años de la recuperación de la democracia. Por un lado, una “primavera cultural” que todavía duraba, con gran creatividad e independencia. Por otro, la amenaza siempre latente del autoritarismo y los golpes de Estado.

Protagonista 1: Juan Carlos Mareco. Conducía el programa “Cordialmente”, uno de los de mayor audiencia de la época y con una gran repercusión en el resto de los medios.

Protagonista 2: El Polaco Roberto Goyeneche, símbolo vivo de la época más gloriosa de la música porteña, con debut cinematográfico incluido (“Sur”, de “Pino” Solanas”), y una reinventada forma de cantar que lo convertía en una referencia para los más jóvenes. Algo que no le perdonaban los tradicionalistas.

Protagonista 3: Jorge Donn, un bailarín que de golpe se había hecho famoso entre nosotros por su interpretación en la película “Los unos y los otros”, de Claude Lelouch, premiada en Cannes. La cuestión es que Jorge Donn era argentino y los productores se apuraron en contratarlo para hacer alguna presentación y pasearlo por los medios.
Talentosísimo Jorge Donn. Era el primer bailarín del ballet de Maurice Bejart (nada menos), y formaba pareja con Maia Plisseskaia. Había ganado todos los premios. Había obtenido el reconocimiento del público europeo. Y a Donn le gustó la idea de recibir también el reconocimiento en su país.
¿Qué podía salir mal?
Jorge Donn vivía en el medio cultural más liberal de Europa. Argentina recién estaba saliendo del oscurantismo de la dictadura.
El largo de pelo y el peinado cayeron mal.
Su vestimenta cayó mal.
Su forma de hablar cayó mal.
¡Horror! Era un tanto afectado. Y hasta se sospechaba de su homosexualidad (que por aquellos años era casi un delito; una vergüenza que se debía ocultar).
En aquel programa, el “Polaco” canta “Naranjo en flor”. Donn se emociona, lo toma de la mano, y para el final… le estampa un “piquito”, mitad en la cara, mitad en la comisura del labio.
Tremendo. Escandaloso. Una afrenta nacional. ¿Cómo el putito ese, bailarín de ballet, se atrevía a mancillar al Gran Macho Argentino?
La reacción en los medios de entonces (radio, tv, gráfica), fue inmediata. ¿Era culpable Donn? ¿Qué significaba esa conducta tan atípica? Foros, debates, improperios, análisis y bastante histeria…
El tiempo pone todo en perspectiva. Hoy nadie se indignaría por una conducta así. Pero aquella desproporcionada reacción tenía más que ver con la propia represión que había vivido la sociedad argentina; que aún buscando y explorando su libertad, se indignaba si algo se salía demasiado de sus estrechos parámetros.
Por suerte, hubo algunas voces más abiertas y lúcidas que reaccionaron con más amplitud.
El mismo protagonista involuntario del “escándalo” y el supuesto “ofendido”, el gran Polaco Goyeneche se encargó de bajarle el tono a tanta diatriba. Aclaro que cito de memoria: “muchos artistas suelen darse un beso cuando termina una actuación. Pichuco (Troilo) le daba un beso a sus músicos”. Punto final. Pero la anécdota refleja el clima que vivíamos en aquellos principios de la democracia.

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