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Los gobernadores que no firmaron el pedido de juicio político contra la Corte Suprema

La presión del gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, sobre sus pares del PJ y de partidos locales que se resisten a dar apoyo al pedido de juicio político contra la Corte Suprema apenas hizo mella entre los jefes provinciales disidentes. En los distritos que se distanciaron de la jugada, que lleva la firma del Ejecutivo y de 11 jefes provinciales, hicieron caso omiso a las declaraciones del cacique chaqueño, y no planean moverse un ápice de sus posturas. Mientras tanto, los dardos a Gerardo Zamora, de Santiago del Estero, por el apoyo que brindó en 2016 a la designación de los cortesanos propuestos por Mauricio Macri, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, generaron ruido al interior del bloque de jefes provinciales kirchneristas.

“Yo trato de no involucrarme en las decisiones de otros colegas, pero la defensa del federalismo tiene que ser a ultranza, hay que manifestarse contra la inequidad”, dijo ayer por la tarde “Coqui”, en diálogo con la radio AM 750. Fue uno de los gobernadores que mayor énfasis puso, desde la semana de Navidad, al ataque contra los cortesanos que luego Alberto Fernández, el 1 de enero, le entregó a los líderes legislativos del Frente de Todos para que le den forma e impulsen su tratamiento en Diputados. Ayer redobló la presión, esta vez hacia otros gobernadores, al decir que entre ellos hubo “cómplices para designar” a los magistrados que el gobierno nacional quiere enjuiciar.

Fue un dardo que apuntó en distintas direcciones. En parte, hacia Omar Perotti, uno de los gobernadores que se mantienen en una postura disidente, al igual que Gustavo Bordet, de Entre Ríos, con quien juegan en bloque en este frente. Sin embargo, la acusación de “complicidad” del ex jefe de Gabinete de Cristina Kirchner fue, también, un tiro por elevación contra Zamora, a pesar de que se encuentran del mismo lado. La pelea contra la Corte Suprema y contra el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, divide al peronismo del interior, donde se cristaliza una incipiente contienda por el liderazgo en el año electoral. Capitanich no descarta competir por la Presidencia, aunque la convocatoria a elecciones para septiembre en su provincia generó dudas sobre sus aspiraciones. En la gobernación siguen sosteniendo que es una posibilidad que se postule para pelear por el sillón de Rivadavia en las PASO.

De hecho, en las filas del kirchnerismo leyeron el avance de Capitanich como un intento, tardío, de ponerse al frente de una jugada de alto volumen político, que hasta ahora fue liderada, en el interior, por su par de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. “Zamora le copó la parada y Coqui salta para defender su lugar como armador político de los gobernadores”, interpretó un experimentado funcionario nacional que integra las filas del campamento de Cristina Kirchner. Según evalúan en las esferas nacionales vinculadas a la vicepresidenta, el santiagueño se ganó el respeto de sus pares y de la propia CFK por la forma, directa y vehemente, (”sincera”, deslizaron) con la que capitaneó, en paralelo a Alberto Fernández, el embate contra el máximo tribunal.

Se desvincularon del juicio político, además, el gobernador peronista pero virtual opositor, Juan Schiaretti, de Córdoba; y Alberto Rodríguez Saa, de San Luis, que a pesar de sus recientes acercamientos con Alberto Fernández -nombró una funcionaria de su provincia en el Gabinete nacional- se diferenció de la movida. También los líderes de partidos provinciales, Omar Gutiérrez, de Neuquén, Arabela Carreras, de Río Negro; Gustavo Sáenz, de Salta; y Oscar Herrera Ahuad, de Misiones, que se limitaron a cuestionar el fallo que favoreció a la Ciudad de Buenos Aires, pero no acompañaron el juicio político. Mariano Arcioni, de Chubut, se muestra dubitativo, aunque en una primera instancia había aceptado firmar la iniciativa.

En una ronda de consultas en las provincias díscolas reinaba la reserva, o bien el rechazo. En las gobernaciones que se manifestaron, aunque de manera escueta, aseguraron que se mantendrán inmutables a pesar de la presión de Capitanich. “No cambia la postura, ni vamos a comentar sobre sus dichos”, dijeron en uno de los feudos. Mientras tanto, aceitaban los diálogos, aunque por lo bajo, con el PJ cordobés. Su líder, Schiaretti, muy crítico del gobierno nacional y de la oposición, pero aliado de sus pares de la región centro del país, acaba de lanzar su candidatura a la presidencia junto a otro dirigente del interior esquivo al Ejecutivo como al kirchnerismo, el ex gobernador salteño Juan Manuel Urtubey.

De hecho, en las filas del kirchnerismo leyeron el avance de Capitanich como un intento, tardío, de ponerse al frente de una jugada de alto volumen político, que hasta ahora fue liderada, en el interior, por su par de Santiago del Estero, Gerardo Zamora. “Zamora le copó la parada y Coqui salta para defender su lugar como armador político de los gobernadores”, interpretó un experimentado funcionario nacional que integra las filas del campamento de Cristina Kirchner. Según evalúan en las esferas nacionales vinculadas a la vicepresidenta, el santiagueño se ganó el respeto de sus pares y de la propia CFK por la forma, directa y vehemente, (”sincera”, deslizaron) con la que capitaneó, en paralelo a Alberto Fernández, el embate contra el máximo tribunal.

Se desvincularon del juicio político, además, el gobernador peronista pero virtual opositor, Juan Schiaretti, de Córdoba; y Alberto Rodríguez Saa, de San Luis, que a pesar de sus recientes acercamientos con Alberto Fernández -nombró una funcionaria de su provincia en el Gabinete nacional- se diferenció de la movida. También los líderes de partidos provinciales, Omar Gutiérrez, de Neuquén, Arabela Carreras, de Río Negro; Gustavo Sáenz, de Salta; y Oscar Herrera Ahuad, de Misiones, que se limitaron a cuestionar el fallo que favoreció a la Ciudad de Buenos Aires, pero no acompañaron el juicio político. Mariano Arcioni, de Chubut, se muestra dubitativo, aunque en una primera instancia había aceptado firmar la iniciativa.

En una ronda de consultas en las provincias díscolas reinaba la reserva, o bien el rechazo. En las gobernaciones que se manifestaron, aunque de manera escueta, aseguraron que se mantendrán inmutables a pesar de la presión de Capitanich. “No cambia la postura, ni vamos a comentar sobre sus dichos”, dijeron en uno de los feudos. Mientras tanto, aceitaban los diálogos, aunque por lo bajo, con el PJ cordobés. Su líder, Schiaretti, muy crítico del gobierno nacional y de la oposición, pero aliado de sus pares de la región centro del país, acaba de lanzar su candidatura a la presidencia junto a otro dirigente del interior esquivo al Ejecutivo como al kirchnerismo, el ex gobernador salteño Juan Manuel Urtubey.

Schiaretti, que no puede reelegir en su provincia, junto a Urtubey, que viene negociando en las sombas hace meses con los peronistas anti K y los dirigentes rezagados del gobierno de Alberto Fernández, quieren generar “un espacio político superador, por fuera de la grieta”, según dijeron. Como se preveía, no irán a las PASO con el Frente de Todos, y buscarán disputar contra Juntos por el Cambio por fuera del oficialismo.

En la Casa Rosada esperan, aunque sin demasiado optimismo de acuerdo a las devoluciones negativas que recibieron la semana pasada, que surta efecto el incremento de la presión, que provenía desde Balcarce 50, y ahora es ejercida por, al menos, uno de los principales líderes del interior sobre sus pares. Por ahora, en el Gobierno no recibieron señales de cambios en los posicionamientos.

Por lo pronto, el Ejecutivo prepara el inminente llamado a sesiones extraordinarias, que se presentaría en el Congreso antes del fin de semana, para que empiecen el 15 de enero. El temario, dijeron, “probablemente” incluirá otros temas además del juicio a la Corte, inclusive vinculados a la agenda económica, a pesar de que el ministro de Hacienda, Sergio Massa, duda sobre la conveniencia de presentar un paquete de iniciativas en lo inmediato. La oposición ya adelantó que defenderá a la Corte y que, como estrategia, escatimará el consenso para el avance de otras medidas. Lo cual podría representar un revés para el massismo, que basa sus expectativas electorales en el éxito de la gestión ministerial.

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