Río de Janeiro amaneció este martes bajo fuego. Una ofensiva de 2.500 agentes, con helicópteros, blindados y drones, irrumpió en los complejos de Alemão y Penha, en el norte carioca, para capturar a líderes del Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil. El saldo provisorio fue de 64 muertos —entre ellos cuatro policías— y más de 80 detenidos, en la que ya se considera la operación más letal en la historia reciente de la ciudad.
El principal objetivo era Edgar Alves de Andrade, alias “Doca” o “Urso”, jefe regional del Comando Vermelho en Penha, acusado de homicidios, narcotráfico y tortura. La policía incautó más de 40 fusiles y decenas de armas, en una acción que expuso la estructura casi paramilitar del grupo criminal. Según el gobernador de Río, Cláudio Castro, la operación fue “una guerra necesaria”, mientras organizaciones de derechos humanos denunciaron el uso excesivo de la fuerza y el riesgo para civiles.
El Comando Vermelho nació en las cárceles de Río en 1979 y hoy controla vastos territorios en Brasil, articulando redes de narcotráfico, lavado de dinero y poder territorial en barrios donde el Estado está ausente. Expertos advierten que el operativo, aunque exitoso en el corto plazo, no resolverá el ciclo de violencia sin una presencia estatal sostenida y sin investigaciones independientes sobre las muertes ocurridas.
Los habitantes de Alemão y Penha vivieron un día de terror: tiroteos, granadas, autobuses desviados y clases suspendidas. Para muchos, la escena recordó a una guerra urbana. El futuro de esta ofensiva dependerá de si logra desarticular la estructura criminal o si solo alimenta una nueva espiral de violencia en las favelas cariocas.