El presidente de la Liga Argentino-Libanesa, Fadi Chaher, habló desde Beirut sobre la situación que atraviesa el país en medio de la escalada del conflicto entre Israel, Irán y el grupo Hezbollah. Desplazamientos masivos, miedo cotidiano y una crisis humanitaria creciente marcan la vida de millones de civiles.
La escalada del conflicto en Medio Oriente continúa generando consecuencias dramáticas para la población civil del Líbano. Aunque el país no participa formalmente de la guerra, los enfrentamientos entre Israel y el grupo Hezbollah —apoyado por Irán— han convertido nuevamente al territorio libanés en escenario de bombardeos, desplazamientos y tensión permanente.
Desde Beirut, el presidente de la Liga Argentino-Libanesa, Fadi Chaher, describió el complejo panorama que vive la población. Si bien reside en el barrio cristiano de Ashrafie, donde no se registran ataques directos, aseguró que la guerra se percibe a pocos kilómetros de distancia.
“Se puede decir que estamos bien porque estamos un poco alejados del centro de la guerra, pero a dos kilómetros están los bombardeos. El estrés y la tensión que se vive aquí es tremenda”, relató.
Según explicó, los ataques se concentran principalmente en la zona sur de Beirut, donde se encuentran bases vinculadas a Hezbollah. Sin embargo, el impacto de la guerra se extiende a todo el país, especialmente por la crisis humanitaria que se profundiza con el paso de los días.
Uno de los datos más preocupantes es el desplazamiento masivo de personas. De acuerdo con Chaher, ya hay más de 500 mil libaneses que debieron abandonar sus hogares para refugiarse en zonas más seguras.
“Imaginen un país de apenas 4 millones de habitantes con medio millón de desplazados, más un millón y medio de refugiados sirios y unos 700 mil palestinos que viven en campamentos. Es un caos total”, explicó.
Muchos de esos desplazados encuentran refugio en escuelas, conventos o edificios públicos, lo que genera una fuerte presión sobre el sistema sanitario y humanitario del país. Además, existe preocupación por la infiltración de miembros armados entre los refugiados, lo que podría convertir esos lugares en objetivos de ataques.
“Cuando cae una bomba vemos humo, sentimos el olor químico en el aire y sabemos que ocurrió cerca. Aunque no escuchemos el impacto, sabemos que está pasando”, describió.
Chaher remarcó que el conflicto afecta principalmente a civiles que no tienen ninguna relación con los grupos armados, pero que terminan siendo víctimas colaterales de los ataques.
“El Líbano no está en guerra como Estado, pero dentro del territorio operan células de Hezbollah y eso provoca que Israel ataque esos objetivos. En el medio queda la gente, con sus barrios destruidos y sus familias desplazadas”, explicó.
El dirigente también recordó que el país arrastra décadas de conflictos y crisis, desde la guerra civil hasta la devastadora explosión en el puerto de Beirut en 2020, que dejó miles de víctimas y enormes daños materiales.
A pesar de la incertidumbre, aseguró que la población intenta continuar con su vida cotidiana. “Hay gente que intenta salir del país, las embajadas evacúan a sus ciudadanos y el aeropuerto está lleno. Pero muchos seguimos trabajando y pensando en cómo reconstruir lo que venga después de la guerra”, señaló.
Incluso en medio del conflicto, contó que continúa desarrollando un proyecto turístico de ecoturismo en la montaña, con la esperanza de que el país pueda recuperarse una vez finalizada la crisis.
“Así vivimos los libaneses: aunque estemos en guerra, pensamos en cómo prepararnos para la paz”, expresó. “La guerra no sirve ni para vencer ni para convencer. Lo único que hace es destruir países y hacer sufrir a la gente”.