El jefe del cuerpo de Guardavidas de San Antonio Oeste, Mauro Scalesa, hizo un balance de la temporada en Las Grutas. Destacó la reducción del servicio desde marzo, menos turistas que otros años y una creciente preocupación por situaciones de violencia, vulnerabilidad social y emergencias en la playa.
Con la llegada de marzo, el operativo de seguridad en las playas de Las Grutas entró en una nueva etapa. Así lo confirmó Mauro Scalesa, jefe del cuerpo de Guardavidas de la Municipalidad de San Antonio Oeste, quien explicó que el servicio se redujo considerablemente en los últimos días.
“Quedó un servicio reducido en las bajadas centrales, desde la cero a la seis. Muchos balnearios ya están cerrados, tanto en San Antonio como en el Puerto y Piedras Coloradas”, detalló.
A pesar de jornadas agradables, con temperaturas que rondaron los 26 y 27 grados, el movimiento turístico no fue el esperado. “Comparado con otros marzos, hay poca gente. Puede ser por el clima o por una cuestión económica. Quizás están esperando los fines de semana largos o Semana Santa”, analizó.
En cuanto al trabajo en el agua, Scalesa remarcó que la temporada fue relativamente controlada gracias a las tareas de prevención. Sin embargo, recordó un episodio puntual a comienzos de marzo: “Tuvimos una marea muy grande y en menos de una hora hicimos doce rescates. Fue el día más complicado”.
Más allá del mar, el foco de preocupación estuvo en la playa. El guardavidas advirtió sobre un cambio en el comportamiento social: “Lo que más nos llamó la atención fue el mal humor de la gente, la intolerancia. Hubo muchas peleas entre turistas por situaciones mínimas”.
A esto se sumó una problemática creciente vinculada a personas en situación de vulnerabilidad que permanecen en la costa. “Hay gente que viene a hacer la temporada sin tener dónde dormir o higienizarse. Viven en la playa, en paradores o incluso en casillas de guardavidas. Eso genera conflictos, problemas de seguridad y situaciones muy difíciles, sobre todo cuando hay niños involucrados”, señaló.
Scalesa describió un escenario complejo, con intervención policial en reiteradas ocasiones y convivencia tensa: “Son personas con muy poco para perder y muchas veces atravesadas por consumos problemáticos. Nosotros tenemos que convivir y tratar de manejar la situación”.
En paralelo, el jefe de guardavidas destacó el aumento de emergencias médicas en la playa, muchas de ellas ajenas al agua. “Con hasta 60 mil personas por día, aparecen todo tipo de situaciones: tuvimos paros cardiorrespiratorios, ACV, fracturas, incluso intentos de suicidio. Hoy la gente va a la playa con enfermedades preexistentes y eso incrementa los riesgos”, explicó.
También recordó accidentes en zonas de acantilados, aunque este año no se registraron caídas graves. “Son sectores peligrosos, pero se hicieron trabajos preventivos con derrumbes controlados y señalización”, indicó.
El servicio de guardavidas continuará hasta el 31 de marzo, cuando finalizará la cobertura activa y quedará una guardia pasiva.
Pese a las dificultades, Scalesa destacó el compromiso del equipo: “Es un trabajo cada vez más intenso, no solo por el agua sino por todo lo que pasa alrededor. Pero es una vocación que muchos llevamos desde hace años”.