A 50 años del Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, cientos de vecinos y turistas participaron este lunes de una emotiva jornada en el Centro Cívico de San Carlos de Bariloche, donde se llevó adelante el tradicional repintado de los pañuelos blancos en el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.
Desde temprano, y pese a las bajas temperaturas, familias, referentes sociales, sindicales y organizaciones se congregaron en la plaza principal para renovar este ritual que se repite desde hace 25 años. Con pinceles y pequeños tarros de pintura, los presentes fueron dando forma nuevamente a los pañuelos, cada uno con el nombre de personas desaparecidas durante la última dictadura.
La escena estuvo atravesada por gestos de solidaridad y emoción. “¿Me prestarías el pincel para pintar uno?”, preguntó una mujer a un joven que acababa de dejar su herramienta. “Todo tuyo”, respondió, en una postal que reflejó el espíritu colectivo de la jornada. A pocos metros, abrazos, lágrimas y el sonido de kultrunes acompañaron la actividad alrededor de la estatua de Julio Argentino Roca, que también fue intervenida simbólicamente.
Para muchos, la convocatoria tiene un fuerte valor personal. María Lanari y Leo Gallo participaron desde los inicios de esta práctica y cada año vuelven para rendir homenaje. “Vinimos a pintar los nombres de amigos y compañeros del colegio y del Club de Rugby de La Plata. Es una forma de honrarlos y traerlos a la memoria”, expresó Gallo.
En otro sector de la plaza, Vicente Padilla pintaba el nombre de sus primas, mientras que Susana Capobianco recordó su propia historia como sobreviviente del terrorismo de Estado. “Pinto a Rudy, que fue secuestrado junto con Cristina y conmigo en 1977. Yo tuve más suerte, pero ellos siguen desaparecidos. Mantener este reclamo es sostener viva la memoria. Esto no puede olvidarse ni negarse”, afirmó conmovida.
Durante la jornada también se sumaron nuevos símbolos, como flores de colores, que acompañaron a los tradicionales pañuelos blancos. La actividad, impulsada en sus inicios por la dirigente sindical Graciela Bedini, se consolidó con el paso del tiempo como una de las expresiones más significativas de memoria colectiva en la ciudad.
Así, el Centro Cívico volvió a convertirse en un espacio de encuentro, reflexión y homenaje, donde la comunidad reafirmó su compromiso con la memoria, la verdad y la justicia, bajo una consigna que se repite año tras año: que el pasado no se olvide y que el “Nunca Más” siga siendo una construcción colectiva.
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