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Gimnasia de Mendoza se recuperó y venció a Vélez en un emocionante partido

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De recibir dos golpazos en los primeros minutos, quedar grogui para la goleada y ser reprobado por su gente, a terminar festejando un triunfo que los hinchas no olvidarán por mucho tiempo. Cosas del fútbol y, sobre todo, del fútbol argentino. Gimnasia de Mendoza (12 puntos) vivió una de sus tardes más memorables este viernes contra Vélez (22) en un partidazo que terminó ganando por 3 a 2 y que le dio un gran espaldarazo a su DT debutante, Darío Franco.

Al Fortín le salió todo durante ese arranque. Tacos, enganches, pases de primera, paredes y definiciones inexpugnables a cargo de Florián Monzón, a los 5 minutos, y Manu Lanzini, a los 11, tras gran cesión del nueve. Era un baile con todas las letras y los meteorólogos mendocinos ya pronosticaban alta probabilidad de goleada. Pero Monzón se comió el tercero un ratito después y el zurdazo de Pellegrini, segundos antes de los 20, se fue muy cerca. El Lobo habrá tomado estos dos gestos como un guiño divino porque a partir de ahí, todo cambió.

Facundo Lencioni, héroe del ascenso, se fue haciendo protagonista y Gimnasia empezó a jugar en campo contrario, como para enfriar un poco la calentura en las tribunas. Y justo antes del entretiempo, un tiro libre del zurdo encontró la cabeza del central exBoca Ezequiel Muñoz para poner el 1-2.

En la segunda parte, Darío Franco (estilo bielsista, recordado por llevar a Instituto de Córdoba a la promoción contra San Lorenzo en 2012) acomodó las piezas y acertó un pleno con el ingreso de Ignacio Sabatini. Con él por derecha, Elías Gómez pasó de divertirse como un delantero más (asistencia en el 1-0) a correr siempre de atrás al 17 mendocino.

A los 81, Lencioni metió otro centro goleador de pelota parada y Agustín Modica, el cabezazo del merecido empate para que el Mellizo Barros Schelotto se la agarre con una botellita y sea expulsado minutos más tarde. Ya en el descuento, Sabatini se le volvió a escapar a Gómez y mandó el centro para la llegada de Modica, pero encontró la canilla de Mammana, donde rebotó la pelota hasta meterse despacito en el arco. ¿Y el arquero? Álvaro Montero había quedado en el camino porque intentó cortar el centro, pifió el manotazo y no tuvo mejor idea que simular una falta inexistente. Si continuaba la jugada, probablemente evitaba el gol en contra de Mammana. El uno colombiano ya venía cruzado con esto de simular y reclamar infracciones durante la última media hora. Le salió muy caro.