Silvana Cappello, mamá de Agustina Fernández, recordó el día que recibió la llamada que cambió su vida para siempre. A cuatro años del ataque que terminó con la condena de Pablo Parra por femicidio, aseguró que desde el primer momento sospechó de él, cuestionó el accionar de su entorno y reclamó que el condenado cumpla la pena sin beneficios.
Este 2 de julio se cumplieron cuatro años de una de las causas que más conmocionó a la región: el femicidio de Agustina Fernández. La joven fue brutalmente atacada en su departamento de Cipolletti y, tras permanecer varios días internada, falleció. Tiempo después, Pablo Parra fue condenado a prisión perpetua como autor del crimen.
En un nuevo aniversario, su mamá, Silvana Cappello, recordó con profunda emoción aquella noche que marcó para siempre a su familia y aseguró que, desde el primer instante, sintió que la versión del robo no era cierta.
“Era sábado, alrededor de las ocho y media de la noche. Sonó el teléfono y cuando vi la característica de Neuquén dije: ‘Algo pasó con Agustina’. Atendí y él me dijo muy tranquilo: ‘Soy Pablo, el vecino amigo de Agustina. Entraron, la atacaron…'”, relató.
Sin embargo, hubo un detalle que despertó inmediatamente sus sospechas. “Le pregunté si ese era su teléfono y me respondió que no, que se lo habían robado. Ahí dije: ‘Ya está’. Le corté y durante todo el viaje pensé lo mismo: esto no fue un robo, acá pasó algo“, recordó.
Silvana contó que esa misma madrugada llegaron al hospital, donde encontraron a Agustina luchando por su vida.
“Cuando vi a mi hija fue indescriptible. No hay palabras para explicar lo que vi”, expresó.
“Todo estaba demasiado armado”
Al día siguiente del ataque, Pablo Parra se presentó junto a sus padres para acompañar a la familia. Pero Silvana nunca quiso acercarse.”No lo pude ni mirar. Yo ya sentía que algo no cerraba. Era como estar viviendo una película de terror”, afirmó.
Con el paso de la investigación, sostuvo que aquellas sospechas iniciales terminaron confirmándose.”Tenía una coartada minuto a minuto. Decía exactamente dónde había estado y con quién había hablado. Eso no es normal. Todo estaba demasiado bien armado y todos le creían”, recordó.
Para Cappello, también hubo actitudes del entorno del condenado que le llamaron la atención desde el comienzo. “La mirada de la madre cuando yo lo rechacé me dijo todo. No fue una mirada de dolor ni de empatía, fue de enojo. Yo sigo convencida de que hubo complicidad. Había huellas de ella en el departamento y creo que toda la familia sabía algo o lo estaba cubriendo”, manifestó.
La decisión de donar los órganos de Agustina
Uno de los momentos más difíciles para la familia llegó cuando los médicos confirmaron la muerte cerebral de la joven.Silvana explicó que fue su esposo quien tomó la decisión final, respetando la voluntad que Agustina había expresado en vida. “Ella había dicho que quería ser donante. Incluso lo habíamos hablado una vez en una cena. Decía que cuando uno muere ya no necesita el cuerpo. Sabíamos cuál era su decisión y la respetamos”, recordó.
El reclamo para que la condena se cumpla
A cuatro años del crimen, Silvana aseguró que continúa atenta a cualquier movimiento relacionado con Pablo Parra. Incluso contó que hace pocas semanas recibió una notificación que indicaba que el condenado se había unido a la aplicación Telegram, situación que puso inmediatamente en conocimiento de la Fiscalía.
“No me alcanza con que esté preso. Quiero que cumpla la condena como corresponde, sin beneficios. Él hoy vive porque no existe la pena de muerte, y quiero que siga viviendo, pero bajo las condiciones que establece una cárcel”, afirmó.
“El dolor no se supera”
Silvana también habló sobre cómo cambió la vida de toda la familia después del femicidio. Contó que tanto ella como su esposo continuaron trabajando para sostenerse y acompañar a su otra hija, aunque reconoció que el dolor sigue presente todos los días.
“Nos aferramos al trabajo para mantenernos de pie, pero esto te afecta para toda la vida. Yo incluso tuve que cambiar de trabajo. Hoy fui apenas unas horas porque sentía que no podía sostenerme. Hay días que son muy difíciles”, confesó.
A cuatro años del femicidio de Agustina Fernández, el recuerdo sigue intacto para su familia y para una comunidad que continúa exigiendo memoria, justicia y el cumplimiento efectivo de la condena contra Pablo Parra.