Diego Colicheli, enfermero del Hospital Provincial Neuquén, convivió durante años con una enfermedad renal crónica y pasó cuatro años en diálisis peritoneal hasta recibir un trasplante de riñón de una donante viva no relacionada. En diálogo con LU19 AM690 destacó el trabajo del sistema público de salud y buscó llevar tranquilidad a quienes evalúan convertirse en donantes.
La historia de Diego Colicheli es un testimonio de esperanza, solidaridad y del valor de la donación de órganos. A casi tres años del trasplante que le cambió la vida, el vecino de Neuquén recordó en diálogo con LU19 AM690 el largo camino que recorrió hasta recuperar su salud y volver a trabajar, hacer deporte y disfrutar de una vida plena.
El caso marcó además un hito para el Hospital Provincial Neuquén “Dr. Eduardo Castro Rendón”, que realizó el primer trasplante renal con una donante viva no relacionada por vínculo sanguíneo. La intervención se concretó el 11 de diciembre y permitió que Diego recibiera un riñón donado por su ex cuñada, Gisella, en un gesto de enorme generosidad.
Una enfermedad silenciosa
Diego explicó que padece poliquistosis renal, una enfermedad hereditaria que provoca la formación de múltiples quistes en los riñones y que, con el paso del tiempo, deteriora su funcionamiento. “La enfermedad la conocía desde hacía muchísimos años. Debería haberme cuidado un poco más, incluso trabajando en salud, pero son cosas que pasan”, reconoció.
Hace unos siete años sufrió una fuerte descompensación causada por hipertensión, una complicación frecuente en los pacientes renales. A partir de entonces comenzó el deterioro definitivo de su función renal. Durante dos años logró retrasar el avance de la enfermedad con una alimentación estricta y mucha hidratación, pero finalmente sus riñones dejaron de funcionar y tuvo que iniciar un tratamiento de diálisis.
Cuatro años de diálisis en su casa
Por recomendación de su médico, Diego nunca realizó hemodiálisis tradicional. En cambio, comenzó un tratamiento de diálisis peritoneal, que podía realizar desde su domicilio. El procedimiento requería cuatro sesiones diarias de aproximadamente 25 minutos cada una.
“Me levantaba, hacía una diálisis; volvía del trabajo y hacía otra; después una a la tarde y otra antes de dormir. Así estuve cuatro años”, contó. El sistema le permitió mantener una rutina laboral relativamente normal, aunque exigía estrictas medidas de higiene y disciplina.
La donación que cambió todo
Desde el primer momento, Gisella —su ex cuñada y madrina de su hija— le ofreció donarle un riñón. En 2023 comenzaron todos los estudios de compatibilidad en el Hospital Castro Rendón. “Siempre tuvo la plena confianza de que íbamos a ser compatibles y de que todo iba a salir bien. Y así fue”, recordó emocionado.
El procedimiento se realizó con dos equipos quirúrgicos trabajando de manera simultánea. Mientras los médicos extraían el riñón mediante cirugía laparoscópica a la donante, otro equipo preparaba a Diego para recibir el órgano. “El riñón salió de un quirófano, cruzó la puerta y entró al mío. Fue instantáneo”, relató.
Una recuperación sorprendente
La recuperación fue rápida. Gisella recibió el alta cinco días después de la operación, mientras que Diego permaneció internado diez días debido al seguimiento que requiere cualquier paciente trasplantado para prevenir infecciones y posibles rechazos.
“El riñón empieza a funcionar inmediatamente. Es algo maravilloso. Tener un riñón funcionando un día equivale a muchísimas sesiones de diálisis”, explicó. Dos meses después ya había regresado a su puesto de trabajo en el Hospital Provincial Neuquén, donde se desempeña como técnico en circulación extracorpórea en cirugías cardiovasculares.
Hoy volvió a practicar tenis, anda en bicicleta y lleva una vida completamente activa.
“Los donantes pueden vivir una vida completamente normal”
Durante la entrevista, Diego quiso dejar un mensaje claro para quienes sienten temor frente a la posibilidad de donar un órgano en vida. “Los donantes, después de donar, viven una vida plena. Es importantísimo que la gente lo sepa porque muchas veces el miedo nace del desconocimiento.”
Contó que Gisella retomó rápidamente todas sus actividades y que incluso ahora comparten salidas en bicicleta. “El fin de semana estuve comiendo canelones con toda la familia. Ella está perfecta. Vive completamente normal.”
Incluso señaló que diversos estudios muestran que muchas personas que donan un riñón adoptan hábitos más saludables y terminan teniendo una excelente calidad de vida.
Un reconocimiento al sistema público
Diego también destacó el trabajo realizado por todo el equipo del Hospital Provincial Neuquén y de los profesionales que lo acompañaron durante el proceso. “Nos trataron muy, pero muy bien. Todo el proceso fue muy cuidado y para nosotros terminó siendo una experiencia muy linda dentro de una situación tan difícil.”
Su historia no solo representa una segunda oportunidad para él, sino también un ejemplo del impacto que puede tener la donación de órganos y del compromiso de los equipos de salud pública que hicieron posible un procedimiento histórico para la provincia de Neuquén.