El decano Esteban Ricardo Jockers explicó que la expansión de Vaca Muerta, la transformación de la fruticultura y los efectos del cambio climático están modificando el escenario productivo de la región. Desde la Universidad Nacional del Comahue buscan establecer una agenda de trabajo con organismos públicos y privados para investigar los nuevos desafíos y responder a las demandas del sector.
La transformación de la matriz productiva del Alto Valle y los desafíos que enfrenta la actividad agropecuaria fueron algunos de los temas abordados por el decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, ingeniero agrónomo y magíster Esteban Ricardo Jockers, durante una entrevista con LU19 AM 690.
En diálogo con Mario Favole, el decano explicó que desde la facultad están manteniendo reuniones con distintos sectores de la producción regional, tanto del ámbito público como privado, con el objetivo de construir una agenda de trabajo que permita acompañar los cambios que atraviesa la economía del norte de la Patagonia.

Jockers señaló que la región experimenta transformaciones profundas, impulsadas principalmente por el desarrollo del complejo hidrocarburífero de Vaca Muerta y su interacción con las actividades productivas tradicionales de los valles irrigados.
En ese sentido, destacó que la fruticultura atraviesa un proceso de retroceso, tanto en la cantidad de productores como en la superficie cultivada, mientras comienzan a ganar terreno otras alternativas agrícolas, como los cultivos anuales, las pasturas y la producción de forrajes. También mencionó una mayor vinculación con la actividad ganadera y un cambio generacional en la conducción de las empresas agropecuarias.
El avance de nuevos cultivos y los cambios en la producción
Al referirse a las razones por las que algunas tierras que históricamente estuvieron destinadas a la producción de peras y manzanas ahora se utilizan para otros cultivos, Jockers explicó que uno de los factores centrales es la rentabilidad y los tiempos de recuperación de la inversión.
Según detalló, los cultivos anuales permiten obtener un retorno económico en períodos más cortos, mientras que la fruticultura requiere varios años de inversión antes de ingresar plenamente en producción.
A esto se suma la diferencia en los requerimientos de mano de obra. Como ejemplo, mencionó que un bloque de 300 hectáreas destinado a fruticultura puede necesitar alrededor de cinco trabajadores de obra calificada, mientras que una superficie similar dedicada a pasturas podría requerir apenas uno o dos.
Sin embargo, el decano también destacó las oportunidades que aparecen a partir de esta diversificación productiva. Señaló que existe una demanda importante de maíz y heno de alfalfa de alta calidad, productos que podrían contribuir al desarrollo de la ganadería regional.
En ese marco, consideró que producir granos y forrajes en la zona permitiría avanzar hacia un esquema de ciclo completo, en el que los animales puedan criarse, engordarse y terminarse en la propia región, generando mayor valor agregado y evitando que parte de esa producción deba trasladarse a otras provincias.
La formación profesional, una demanda creciente
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la inserción laboral de los ingenieros agrónomos y las oportunidades para los jóvenes que están pensando en iniciar una carrera vinculada con las ciencias agrarias.
Jockers sostuvo que, si bien algunos sectores tradicionales, como la fruticultura, redujeron su demanda de profesionales, la aparición de nuevas actividades y modelos productivos también genera otras posibilidades laborales.
En ese contexto, mencionó que la facultad viene trabajando con organizaciones como la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, y la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), entre otros actores, para abordar las necesidades actuales y promover la incorporación de nuevas generaciones a la actividad.
El decano advirtió que también cambió el perfil de quienes están al frente de las empresas agropecuarias. Explicó que, en muchos casos, se trata de personas que provienen de otras actividades económicas, como la industria petrolera, y que no necesariamente cuentan con la experiencia histórica de los productores tradicionales.
Por eso, consideró que hoy existe una mayor necesidad de capacitación y conocimientos técnicos. Como indicador de esta demanda, señaló que las empresas solicitan cada vez más pasantías para incorporar estudiantes avanzados de la carrera y sumar jóvenes profesionales a sus equipos de trabajo.
Una agronomía cada vez más vinculada con la tecnología
Jockers también remarcó que los desafíos actuales requieren una formación profesional que integre distintas disciplinas. Explicó que la agronomía ya no puede pensarse de manera aislada, sino que necesita articularse con áreas como la biotecnología, la informática, la ingeniería electrónica y la ingeniería industrial.
La incorporación de tecnología, la tecnificación de los procesos productivos y la conformación de equipos interdisciplinarios aparecen como herramientas fundamentales para responder a las nuevas demandas del sector.
A estos cambios se suma el impacto del cambio climático, una problemática que, según indicó, ya se manifiesta en la región y obliga a repensar las estrategias de producción.
Finalmente, el decano planteó que la Facultad de Ciencias Agrarias busca asumir un papel central en el estudio y abordaje de estas transformaciones. Para ello, durante los próximos cuatro años de gestión, la intención es consolidar una agenda de trabajo con las instituciones vinculadas a la producción, impulsar investigaciones y generar propuestas que permitan acompañar el nuevo escenario regional.
En el cierre de la entrevista, Jockers también se refirió a la discusión presupuestaria de las universidades nacionales y sostuvo que contar con los recursos necesarios es fundamental para que la institución pueda cumplir con ese rol. «Queremos ser actores principales en el estudio y en el abordaje de esos desafíos», expresó, al reiterar el reclamo por un presupuesto universitario que permita sostener las actividades académicas, científicas y de vinculación con el sector productivo.