El presidente de la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, Sebastián Hernández, expresó su preocupación por la pérdida de unidades productivas en los últimos 17 años y advirtió sobre el avance de la urbanización sobre las chacras. Además, reclamó una legislación que resguarde las tierras productivas y promueva nuevas alternativas para el sector.
La publicación reciente de datos del SENASA volvió a encender una señal de alarma en el sector frutícola del Alto Valle. Según las estadísticas, en los últimos 17 años desaparecieron 1.240 productores, una situación que preocupa profundamente a la Federación de Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén.
En diálogo con LU19 AM 690, el presidente de la entidad, Sebastián Hernández, atribuyó esta realidad a una combinación de factores que vienen afectando a la actividad desde hace décadas.
“El avance de la urbanización ha hecho mucho estrago en algunas zonas y, por otro lado, la falta de rentabilidad provocó que no exista recambio generacional. Muchos productores decidieron abandonar la actividad y sus familias no continuaron con las chacras”, explicó.
Hernández señaló que sólo lograron sostenerse aquellos productores que pudieron reconvertirse e incorporar tecnología para mejorar la eficiencia de sus explotaciones. “Quienes pudieron ingresar a ese proceso hoy siguen apostando a la producción y a la tecnificación. El resto quedó rezagado y muchos terminaron abandonando la actividad”, sostuvo.
Urbanización y falta de políticas de protección
Para el dirigente rural, la desaparición de productores está directamente relacionada con la falta de políticas públicas destinadas a proteger las tierras productivas y acompañar la reconversión del sector.
“Hubo muchos años en los que quedamos sujetos a la oferta y la demanda, con altos costos internos que nos vuelven poco competitivos frente al mundo. Nunca logramos un equilibrio que permitiera sostener la actividad de manera estable”, afirmó.
En ese contexto, destacó que la Federación trabaja actualmente en un proyecto de ley que busca proteger las tierras productivas, incentivar la diversificación y generar nuevas alternativas económicas para los productores.
“Necesitamos una legislación que permita cuidar las tierras como corresponde. También hace falta el compromiso de los municipios, porque muchas veces son parte del problema cuando habilitan el avance urbano sobre zonas productivas”, indicó.
“Nunca es tarde para defender las chacras”
Consultado sobre si la iniciativa llega demasiado tarde ante la cantidad de hectáreas ya transformadas en loteos y barrios, Hernández reconoció que en muchos lugares el avance urbano ya es una realidad, pero insistió en que aún es posible actuar.
“Nunca va a ser tarde porque seguimos produciendo y necesitamos herramientas legales para defender las tierras productivas. Es cierto que hubo localidades muy afectadas por la urbanización, pero también hay zonas que todavía pueden preservarse”, remarcó.
El dirigente explicó que muchos propietarios terminan vendiendo sus chacras porque los valores inmobiliarios resultan mucho más atractivos que la rentabilidad de la producción agrícola.
“No es que alguien los obliga. Muchas veces venden porque económicamente les conviene más que seguir produciendo. Por eso es tan importante que existan reglas claras y planificación”, sostuvo.
Críticas a municipios del Alto Valle
Durante la entrevista, Hernández fue crítico con varios municipios del Alto Valle por haber permitido el crecimiento urbano sobre áreas históricamente productivas.
Mencionó específicamente a Cipolletti, Fernández Oro, Cinco Saltos y General Roca como localidades donde se registró un importante avance de la urbanización sobre tierras agrícolas.
“En algunos lugares fueron los propios municipios quienes fomentaron ese crecimiento. Hay decisiones políticas que vienen de hace décadas y que terminaron reduciendo la superficie destinada a la producción”, señaló.
En contraste, destacó el caso de Allen, donde el Plan Rector establece límites para el crecimiento urbano y restringe la expansión sobre determinadas áreas productivas cercanas al río.
Un debate que vuelve a escena
La publicación de los datos del SENASA y la pérdida de más de mil productores reabrieron una discusión histórica en el Alto Valle: cómo compatibilizar el crecimiento urbano con la preservación de una de las actividades económicas más emblemáticas de Río Negro y Neuquén.
Desde la Federación sostienen que el desafío pasa por generar condiciones para que las chacras vuelvan a ser rentables, atraer nuevas generaciones a la producción y evitar que la expansión inmobiliaria continúe reduciendo la superficie cultivada.
“Ahora parece haber una mayor predisposición para discutir estos temas en la Legislatura. Esperamos que esta vez podamos avanzar en herramientas concretas para defender la producción”, concluyó Hernández.