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Boca Juniors' midfielder #05 Leandro Paredes (L) and Cruzeiro's midfielder #10 Matheus Pereira fight for the ball during the Copa Libertadores group stage football match between Brazil's Cruzeiro and Argentina's Boca Juniors at the Mineirao stadium in Belo Horizonte, state of Minas Gerais, Brazil on April 28, 2026. (Photo by DOUGLAS MAGNO / AFP)

Boca perdió 1-0 con Cruzeiro en un partido caliente en Belo Horizonte.

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Hubo un partido partido en dos y no es un simple juego de palabras. La expulsión marcó un antes y un después, y queda la sensación, agria, que Boca se dejó llevar por el juego picante que propuso Cruzeiro, entró en la trampa y lo pagó caro, con una derrota que puso fin a la racha de 14 partidos sin perder, que de algún modo rompió el momento mágico del ciclo Ubeda, que de ningún modo significa una crisis, pero que lo complica un poco en la clasificación en la Copa.

A decir verdad, las condiciones estuvieron, desde el primer minuto, para la batalla. El planteo físico de ambos, el campo pesado, la pelota lenta creó el escenario ideal para las fricciones, las interrupciones y las simulaciones en cada cruce. En definitiva, todo conspiró en contra del juego. De uno y del otro lado, hasta los ligeritos se pusieron el overol. Y el casco también.

Y en este marco, Boca lo jugó de igual a igual en todos los terrenos. En la búsqueda del gol, pero también en la lucha, y ahí el Xeneize sobreactuó un poco, se pasó con la testosterona y pisó el palito. Fue una pena, porque en ningún momento el Cruzeiro, en su cancha y con una multitud a favor, se llevó por delante al equipo de Ubeda. Igual, fue extraño porque los dos tuvieron ímpetu y ganas para ganar el partido, pero terminaron desgastándose en las fricciones y casi que no generaron situaciones.

Boca se plantó bien con su línea de cuatro mediocampistas que viene siendo el termómetro y el motor del equipo, con un Aranda más suelto para desprenderse y conectar con los delanteros. Boca tenía espacios para explotar, pero una y otra vez el último toque se frustró, quizá porque tenía la cabeza en otra cosa….

En este marco, entonces, la expulsión de Bareiro no sorprendió. Se argumenta, con razón, que la primera infracción (roce a Gerson) no es de amarilla porque es todo simulación del jugador brasileño -Gerson-. Tan cierto eso como que el paraguayo estaba en la primera fila de cuanto forcejeo se generó, y todas sus disputas con los rivales fueron físicamente al límite. La roja, entonces, se veía venir.

A partir de ahí, a Boca no le quedó otra que tranquilizarse, bajar un cambio en la rosca anímica y concentrarse. Ubeda no tocó nada para el segundo tiempo: 4-4-1, con dos líneas de cuatro bien pegadas y Merentel contra todos. Y ahí un poco se la bancó, y pese a que el equipo no estaba sufriendo (más allá de tirarse atrás para achicar espacios), el Sifón dio un golpe de pizarrón: línea de tres centrales (Figal por Aranda), quizá con la idea de soltar a los laterales y acompañar los piques de Zeballos, quien ingresó por Merentiel. Si la idea era que Boca no se tirara tan atrás y tener opciones de contraataque, no funcionó. De hecho, se atrincheró más luego de las modificaciones, un poco porque el Changuito tiene velocidad perole falta el oficio de la Bestia para aguantar la pelota arriba.

Entonces, fue casi un monólogo de Cruzeiro, que movió la pelota con paciencia pero, otra vez, le costó poner a sus delanteros cara a cara con el gol. Lo tuvo Fabricio Bruno solito de cabeza tras un córner y luego un tiro lejano de Araujo que sorprendió a Brey y pasó cerca, aunque el arquero luego se reivindicó con una bola difícil de Kaio Jorge. Todo, contra una contra de Zeballos que metiró un centro para Ascacibar y Delgado que no llegaron a conectar.

n definitiva, el partido le quedó largo a Boca, porque era difícil aguantar tan atrás. Y así, por mantener la serenidad y la búsqueda, Cruzeiro pudo destrabar el partido en un gran pase de Pereira a Kaio Jorge, que rompió líneas, llegó al fondo y metió un centro para que Villarreal, el otro punta que entró, anote en la línea de gol. Boca terminó el partido sin patear al arco y en el final volvió a entrar en el juego de las provocaciones con un final que estuvo a nada de terminar en un escándalo. Para jugar partidos de Copa suele ser mejor ser vivo que macho. Para que Boca tome nota.