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Murió Darío Lopérfido, un liberal incómodo que nunca esquivó la polémica

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El ex secretario de Cultura, ex director del Teatro Colón e impulsor de festivales como el BAFICI, Darío Lopérfido, murió este 27 de febrero de 2026 en Madrid, ciudad donde vivía desde hacía años. Tenía ELA (esclerosis lateral amiotrófica), enfermedad que él mismo describió sin eufemismos en una de sus últimas columnas: “Tener ELA es una mierda”.

Dos meses antes de su muerte había escrito una frase tan cruda como reveladora: “El Darío de antes de la enfermedad ya murió”. La publicó en la revista Seúl, en un texto donde relató el deterioro físico con una franqueza que lo caracterizaba. La enfermedad le quitó la voz, el paso firme y buena parte de su vida social. No le quitó, sin embargo, la vocación polémica ni la necesidad de argumentar.


Un polemista de ideas

Lopérfido no fue un provocador de redes sociales. Su estilo era otro: ironía con estructura, discusión conceptual y una defensa persistente de lo que entendía como libertad individual e institucional.

En 2016 quedó en el centro de una de las mayores controversias de su carrera cuando cuestionó la cifra de 30.000 desaparecidos de la última dictadura. La declaración generó un fuerte rechazo de organismos de derechos humanos y de familiares de víctimas. Nunca se retractó. Años más tarde sostuvo que pudo haberlo hecho para evitar costos personales, pero eligió sostener su posición.

El escritor Jorge Asís, con quien mantuvo históricas discusiones públicas, lo definió tras su muerte como “uno de los oponentes más inteligentes” que tuvo. En esa rivalidad cruzaban ironías y respeto intelectual.


Gestión cultural y huella en Buenos Aires

Sin haber terminado el secundario, Lopérfido construyó una trayectoria singular en la gestión cultural. En 1992 asumió la dirección del Centro Cultural Ricardo Rojas (UBA), en plena efervescencia cultural porteña de los años noventa.

Como secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires impulsó dos proyectos que marcaron época:

  • El Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), creado en 1997.
  • El BAFICI, nacido en 1999 y convertido en el festival de cine independiente más relevante de América Latina.

En 2015 asumió la dirección general y artística del Teatro Colón, donde promovió mayor presencia de artistas internacionales, transmisiones por streaming y apertura de ensayos al público. Ese mismo año fue designado ministro de Cultura porteño por Horacio Rodríguez Larreta.

Las declaraciones sobre los desaparecidos precipitaron su salida del ministerio en 2016 y del Colón en 2017. Más tarde, el entonces presidente Mauricio Macri lo nombró representante cultural en Berlín, cargo que ejerció durante nueve meses.


Liberal en tiempos de libertarios

Lopérfido se definía liberal, con eje en la defensa de la libertad individual y las instituciones republicanas. Admiraba a Albert Camus como guía intelectual y mantuvo una estrecha relación con Mario Vargas Llosa, con quien trabajó en la Cátedra Vargas Llosa.

Había votado a Javier Milei por su postura antikirchnerista, pero no evitaba criticarlo por la situación social, la pobreza y la educación. Reivindicaba la libertad de expresión incluso frente a gobiernos afines ideológicamente.

En Madrid grabó el ciclo El hombre rebelde, con entrevistas a exiliados y disidentes, entre ellos el venezolano Leopoldo López y el escritor nicaragüense Sergio Ramírez.


La ELA, la escritura y la despedida

La ELA avanzó sin épica, como él mismo escribió. Perdió movilidad y voz, pero continuó escribiendo columnas y reflexiones hasta el final. “Si tenés ELA, la única alternativa es expandir la actividad cerebral al límite”, sostuvo.

En sus últimos meses grabó una entrevista con el escritor Martín Caparrós, quien también padece ELA. Pensaban distinto en casi todo, pero compartían respeto intelectual.

Ateo confeso —aunque decía que le hubiese gustado creer—, enfrentó la enfermedad con lucidez y sin dramatización. Escribió pensando en su hijo: “Pienso que cuando crezca y yo esté muerto, él podrá leerme”.

Con su muerte se va una figura central —y profundamente discutida— de la cultura argentina contemporánea. Un liberal irredento que pagó costos por sus palabras, defendió sus ideas hasta el final y dejó una marca indeleble en la escena cultural del país.