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La primavera lluviosa enciende las alertas por enfermedades en peras y manzanas del Alto Valle

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El ingeniero agrónomo del INTA, Jonathan Lago, advirtió que las lluvias persistentes y la humedad prolongada favorecen la aparición de enfermedades fúngicas en los frutales. Aunque el escenario no implica necesariamente pérdidas de producción, los cultivos atraviesan una etapa de alta sensibilidad que requiere reforzar los controles sanitarios.

La primavera comenzó con condiciones climáticas atípicas en el Alto Valle, donde las lluvias frecuentes y la persistencia de la humedad encendieron las alertas en las chacras dedicadas a la producción de peras y manzanas. El fenómeno de El Niño, que ya anticipaba cambios en las condiciones meteorológicas, plantea nuevos desafíos para los productores de la región.

En diálogo con LU19 AM 690, Jonathan Lago, ingeniero agrónomo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), explicó que el problema no está únicamente en la cantidad de milímetros registrados, sino también en la cantidad de días consecutivos en los que el follaje permanece húmedo.

“Ha sido una primavera atípica. No nos es familiar una primavera con tantas lluvias, no solamente por los milímetros, sino por la cantidad de días consecutivos de humedad sobre el follaje de las plantas”, señaló.

El especialista explicó que, en una región de características áridas como el Alto Valle, las plagas de insectos suelen tener mayor protagonismo. Sin embargo, cuando se presentan períodos prolongados de humedad, las enfermedades provocadas por hongos y bacterias adquieren mayor relevancia y pueden comprometer la sanidad de los cultivos.

Qué enfermedades pueden afectar a los frutales

Entre las principales amenazas sanitarias asociadas a estas condiciones se encuentran la sarna del peral, la sarna del manzano y la mancha marrón del peral, enfermedades que encuentran un ambiente favorable para desarrollarse cuando se combinan determinadas temperaturas con muchas horas de follaje mojado.

Desde el INTA se utilizan índices de riesgo que consideran, entre otros factores, la cantidad de horas en las que las hojas permanecen húmedas y la temperatura promedio durante ese período.

Lago indicó que, si bien las temperaturas registradas hasta el momento fueron relativamente frescas, eso puede ralentizar el desarrollo de las enfermedades, pero no impide que se produzcan infecciones.

“Se da más lento, pero se da”, advirtió, al referirse a los procesos que pueden desencadenarse cuando persisten las condiciones de humedad.

Por qué esta etapa de la primavera es clave

El momento de la temporada es otro factor determinante. Durante la primavera, los frutales presentan tejidos jóvenes y sensibles, como hojas en expansión, órganos florales y frutos recién cuajados, que pueden verse afectados por las enfermedades.

Según explicó el ingeniero agrónomo, los daños pueden provocar la caída de la fruta o dejar marcas que, posteriormente, generan su descarte comercial.

Por eso, aunque la presencia de lluvias no significa necesariamente que vaya a perderse la producción, sí obliga a prestar especial atención a la evolución sanitaria de las plantas y a las condiciones particulares de cada chacra.

El especialista remarcó que los productores y técnicos de la zona conocen la importancia de estas enfermedades, pero insistió en que no deben perder de vista su impacto, especialmente en temporadas con condiciones climáticas favorables para su aparición.

Qué deben tener en cuenta los productores

Lago explicó que para que una enfermedad se desarrolle deben coincidir tres condiciones: un cultivo susceptible, un ambiente favorable y la presencia del agente que provoca la infección.

En este escenario, la humedad persistente representa un factor de riesgo, aunque la evolución dependerá también de las temperaturas y de las características de cada explotación productiva. Además, los períodos lluviosos pueden dificultar las tareas habituales en las chacras, condicionar la aplicación de tratamientos sanitarios y complicar los procesos de polinización.

A esto se suma la posibilidad de que se registren heladas tardías durante las próximas semanas, una variable que también deberá ser seguida de cerca por los productores.

Por el momento, el panorama requiere atención y monitoreo, pero no justifica anticipar un escenario de pérdidas generalizadas. La evolución de las condiciones meteorológicas y el seguimiento sanitario de los cultivos serán determinantes para conocer el impacto que tendrá esta primavera lluviosa sobre la producción frutícola del Alto Valle.